Antes de pensar en energías
Repasa lo básico: cuánto duermes de verdad, cuánto te mueves, qué comes, cuánto tiempo pasas con pantallas por la noche y cuántas conversaciones difíciles llevas pendientes. En la mayoría de los casos el «bajón energético» tiene ahí su explicación completa.
Y si el cansancio es persistente, la primera consulta es médica: hay anemias, tiroides y déficits vitamínicos que se presentan exactamente así.
Ambientes y personas que agotan
Hay entornos que consumen: sitios donde tienes que estar en guardia, personas que necesitan que las sostengas siempre, conversaciones que se repiten sin avanzar. No hace falta ninguna teoría energética para justificar poner distancia.
Lo simbólico —un baño, una limpieza, un objeto que llevas encima— sirve como refuerzo de esa decisión. Sostiene el gesto; no lo sustituye.
