Antes: la parte aburrida
Ordena y limpia de verdad. Abre ventanas, saca la basura, tira lo que lleva años sin usarse. Si te saltas este paso, lo demás es aromaterapia.
Deshacerte de cosas es la mitad de cualquier despojo, y suele ser lo que más cuesta: la casa pesada casi siempre está llena.
El recorrido
- Prepara un cubo con agua, un puñado de sal, un chorro de vinagre y el zumo de un limón.
- Empieza por la habitación más alejada de la puerta de entrada.
- Friega o pasa un paño húmedo por los rodapiés y los marcos de puertas y ventanas.
- Ve avanzando siempre hacia la salida, sin saltarte armarios, baños ni trasteros.
- Mientras, di en voz alta lo que quieres que se vaya de la casa.
- Termina fregando el recibidor y el umbral, y tira el agua fuera de casa o por el desagüe del baño.
El cierre
Después del agua viene lo aromático: un sahumerio, un incienso o simplemente hervir laurel y romero en una olla abierta para que el vapor recorra la casa.
Se cierra poniendo algo nuevo en la entrada: una planta, una vela encendida un rato, un platito con sal que se cambia cada mes. Marca que la casa queda ocupada por lo que tú pones.
Después
Deja ventilando un rato largo y no invites a nadie ese día, si puedes. Muchas personas duermen especialmente bien la noche siguiente: entre el ejercicio físico y el orden, tiene sentido.
Si la sensación de casa pesada vuelve a los pocos días, mira qué pasa dentro: convivencia, discusiones sin resolver, alguien que no está bien. Ninguna limpieza sustituye una conversación.
