Método según el material
- Metal y cristal: agua con sal durante unas horas, aclarado y secado. El más sencillo.
- Piedras y minerales: humo o luz de luna. Nada de sal en piedras blandas (selenita, malaquita, turquesa) ni agua en las porosas.
- Madera y muebles: paño humedecido con agua, vinagre y unas gotas de limón. Nunca en remojo.
- Ropa y tela: lavado normal con un puñado de sal en el primer enjuague.
- Papel, libros y fotos: humo suave o simplemente aire y sol indirecto unas horas.
- Electrónica: paño seco y, si quieres el gesto, un platito de sal al lado durante un día.
El ritual, sea cual sea el método
Coge el objeto entre las manos, di en voz alta de quién viene y qué agradeces de esa persona, y después di que a partir de ahora es tuyo y solo lleva tu historia.
Ese pequeño acto de aceptación explícita es la parte que más gente recuerda como decisiva, sobre todo con objetos heredados de alguien que ya no está.
Cuándo no quedarse el objeto
Cuando cada vez que lo miras te encoges. Hay herencias que se aceptan por obligación familiar y no hay limpieza que las haga cómodas.
No pasa nada por darlo, venderlo o guardarlo en una caja. Conservar un objeto que te pesa por lealtad a alguien que ya no está es una carga que nadie te ha pedido.
Objetos que llegan sin que los pidas
Regalos de alguien con quien la relación está tensa, cosas que aparecen en casa después de una visita, prendas de una expareja. La tradición recomienda no conservarlos, y en la práctica suele ser buen consejo: cada vez que los ves, vuelve el tema.
Si decides quedártelos, límpialos según el material y ponles un uso nuevo, distinto del que tenían.
