La regla de las tres columnas
Coge un papel y haz tres columnas: lo que hace, lo que dice y lo que tú interpretas. La mayoría de las dudas se disuelven al ver que la tercera columna está llena y las dos primeras casi vacías.
Cuando hechos y palabras no coinciden, manda siempre lo que hace. No es cinismo: es la única lectura que no depende de tu esperanza.
Cuándo la duda ya no va de la otra persona
Si llevas meses analizando a alguien, la pregunta ha dejado de ser si te quiere. La pregunta es qué te está dando esta incertidumbre y por qué la aguantas: a veces es miedo a la soledad, a veces es una herida antigua que reconoce el terreno.
Eso sí se puede trabajar, y es justo lo que miramos en la sesión de diagnóstico.




