El tapiz de la vida: Cómo cada experiencia te prepara para tu verdadero propósito
Crecimiento Personal · · 4 min lectura

El tapiz de la vida: Cómo cada experiencia te prepara para tu verdadero propósito

Descubre cómo las crisis, los cambios y las experiencias se entrelazan para formar el tapiz de tu vida, revelando un propósito mayor que solo se comprende con el tiempo.

Cada experiencia deja una huella, añade un hilo más a ese tapete con miles de hilos que fueron cambiando a lo largo de los años, de las etapas, de las metas, de los sueños, de las decepciones. Un tapete que durante la infancia debía ser en tonos pasteles claros, blancos y negros que en la adolescencia añadió matices a los blancos, rojos de intensidad, el primer desamor, la primera prueba, el primer riesgo. El negro descubrió las escalas de grises, que había tonos más negros, más grises y donde el blanco pasó a un segundo plano.

Los años pasan y a medida que nuevas personas se cruzan en nuestros caminos van apareciendo más colores, más tonalidades, más intensidad. Esos años donde descubrimos que todas esas cosas que escribimos alguna vez que tendríamos resueltas a los 25 años… no fueron, ni serán y mientras más tardes en aceptar las nuevas tonalidades tierras, colores estables, menos derroche de vida. Esa etapa donde la monotonía pasa a ser seguridad. Donde las sorpresas y el exceso de energía ahora ya no son la regla.

Y en medio de este océano de sucesos, eventos, personas, decisiones, miedo, dolor, inseguridades se abren paso y es como si de esos colores pasteles de la infancia no quedara nada, ahora todo está matizado por significados más profundos, ahora todo tiene perspectivas, la relatividad se abre paso, ahora la vida depende desde donde la mires. Tú verdad, ya no tiene nada que ver con la verdad del otro. Es como cuando los niños descubren que no son el centro del universo… estoy segura de que los adultos también pasamos por ese proceso pero ahora con una mirada crítica e incluso hasta pragmática en algunos casos.

Las crisis existenciales, los quiebres emocionales, el luto, perder algo que amaste con todo tu ser. Los ideales, la moral, los principios propios. La sociedad que nos rodea representada en una escala nueva de colores y el tapete termina en una obra de arte que no conserva relación alguna con sus primeros colores, sin embargo viendo el patrón es posible notar que el final es la consecuencia de esos colores iniciales.

Y al dar dos pasos atrás y mirar todo el recorrido de nuestra vida en esos colores, intensidades, cambios, tantos matices abandonados en el olvido; te das cuenta que has llegado tan lejos, sobreviviste cada crisis en la que estuviste seguro que no ibas a sobrevivir. Cada desamor te hundió hasta el punto donde respirar dolía. Y por fin eres capaz de comprender que lo que creías era una aventura sin rumbo, como un videojuego de mapa abierto donde puedes ir a donde tú quieras… siempre tuvo un norte. Una brújula que solo puede ser apreciada desde la distancia, desde la madurez, desde la resignación inclusive.

Cada evento te estaba preparando para el siguiente. Cada persona te mostró algo que tarde o temprano ibas a necesitar y la aventura sin rumbo termina en que todo lo que te pasó, tenía que pasarte. Tenías que pasar por todos esos procesos donde desaparecen unos colores para dar paso a otros que nunca habías usado. Es como entender que después de una ruptura el mundo no se acaba, pero no se lo digas a un adolescente porque te mirará con todo el odio que pueda albergar en su mirara. Sin embargo, díselo a alguien a los 37, a los 40, a los 45 y su mirada cansada no va a discutírtelo. Díselo a alguien a los 60 años, a los 70 años, a los 75 años y te devolverá una sonrisa de quien sabe que el mundo no se acabó, en sus ojos habrá una mezcla de compasión con añoranza por tiempos que ya no volverán y que quizás incluso habría deseos de volver a esos tiempos donde pensaron que la vida se acababa… pero nunca fue realmente así.

No hay una fórmula mágica, no hay oráculo que sea capaz de llevarte a donde la vida ha decidido que debes llegar SIN pasar por todo esta composición maestra de los hilos.

La vida sabe a dónde te está llevando. Algunos le llaman Dios, otros le llaman energía, otros la divinidad, un ser superior… pero el resultado es el mismo. El ser humano viene a este mundo con un propósito.

Un propósito que muchísima gente nunca llega a encontrar porque se pierden en los tonos de colores, se resisten a cambiar, se niegan a dejar ir la cadena que están sosteniendo con su propia mano sin poder comprender que tienen el poder de soltar la cadena y parar el dolor físico que se han estado ocasionando por sus propias decisiones.

Un propósito que para ser encontrado requiere de un proceso, de una preparación, de una vida encausada hacia algo más grande que nosotros mismos.

Un propósito que solo se revelará después de habernos obligado a mirarnos al espejo y navegar la oscuridad que se esconde al otro lado del espejo. Para que esto pueda suceder, nuestros hilos deben mostrar un nivel de profundidad, aceptación, una curva de aprendizaje sobre cosas que nadie puede enseñarnos más que la vida misma. Cuya filosofía, me atrevería a decir que está fundamentada sobre un simple principio, cada lección que falles en aprender se repetirá una y otra vez hasta que seas capaz de aprender lo que te está tratando de enseñar, y donde cada repetición será más dura que el intento anterior.

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