¿Te imaginas lo que pudo haber sido? ¿Alguna vez te has preguntado qué sería de ti sin todas esas malas experiencias? La respuesta es simple pero profunda: no serías la misma persona que encuentras cada vez que miras el espejo. Y eso, aunque duela admitirlo, es exactamente lo que necesitabas.
El juego peligroso del "¿y si...?"
No estarías donde estás ahora. No tendrías la fuerza que tienes ahora. No habrías aprendido todo lo que sabes.
Porque somos testarudos y repetimos como loros: "nadie aprende por consejo de otro".
Pero ¿qué sería de nosotros si pudiéramos aprender de los consejos? Si lográramos integrar toda esa información en nuestra cabeza con el propósito único de evitarnos tanto sufrimiento.
¿Valdría la pena aprovechar todo el conocimiento de nuestros antepasados, de nuestros mayores, de nuestros mentores?
Mi experiencia con el "¿y si...?"
He pensado en lo que podría haber sido. En los diversos momentos cruciales donde tomé una decisión por sobre otra. Donde elegí una cosa y abandoné otra. Donde perdí una parte de mí para abrir paso a algo nuevo.
Al principio se abre como un abanico mágico de posibilidades:
- Donde la vida pudo haber sido más fácil
- Donde quizás los errores se pudieron haber evitado
- Donde los traumas me los hubiera podido ahorrar
La realidad que nadie quiere aceptar
Pero luego viene el encontrarse frente a la realidad:
Quizás sí hubiera podido tomar decisiones que me llevaran a una vida distinta. Quizás me hubiera podido ahorrar muchos malos momentos.
Pero de nada sirve darle rienda suelta a una imaginación que no va para ningún lado.
"No pude evitar cada uno de los que para mí fueron errores, porque en su momento no sabía que serían errores."
En su momento, seguramente fueron las mejores decisiones que pude tomar por el nivel de consciencia de aquella que era yo, que ya no soy.
Lo que no puedes cambiar
La realidad es que ya no se puede cambiar el pasado.
Podemos aprender a aceptarlo. Podemos sanarlo. Podemos perdonarnos por esas veces donde fuimos juez implacable para con nosotros mismos.
Pero lo que ya pasó, pasó.
Para qué mirar atrás entonces
Para atrás lo mejor es mirar para:
- Aprender de lo que viviste
- Entender por qué tomaste esas decisiones
- Crecer desde ese conocimiento
- No repetir los mismos patrones
¿Sería la misma persona sin todo eso?
Sin duda no lo sería.
No habría llegado tan lejos. No hubiera aprendido el valor de cada una de mis vivencias.
Las lecciones que solo el dolor enseña
No habría podido conocer:
- Lo maravilloso de un arcoíris después de la lluvia
- Que existe esa calma casi mágica después de la tormenta
- Cuántas veces he sabido levantarme
- El significado real de ser fuerte
- Cómo sobreponerse ante todo
- Que no importa cuán oscuro se vea el túnel, siempre hay luz al final
Las lágrimas que valen la pena
He llorado. Sí, y mucho. Solo Dios sabe cuánto y todas las veces que me tocó sonreír para decir "estoy bien".
Pero he aprendido algo fundamental:
"Es imposible ver el amanecer sin pasar por la noche."
El logro que pocos entienden
Llegar al punto de aceptar que cada una de las cosas que sucedieron tenían que pasar es un logro que pocos entenderán.
Como dice el dicho: todos estamos librando batallas que no contamos a nadie.
Y cada batalla que peleamos, cada guerra interna que ganamos, cada vez que elegimos levantarnos en lugar de quedarnos en el suelo... todo eso construye quien somos.
¿Y si pudiéramos aprender de otros?
¿Qué pasaría si pudiéramos aprender de las experiencias de los demás?
La verdad es que sí podemos. El ser humano es totalmente selectivo en esto.
Podemos aprender de:
- Las vivencias de otros
- Los consejos que nos dan
- La historia que nos precede
Lo que necesitas para aprender de otros
Para eso puede que sea indispensable la humildad para abrir la puerta a que todos los que han llegado a nuestras vidas están aquí por dos cosas:
- Algo han llegado a enseñarnos
- Algo han llegado a aprender
La paradoja de las opiniones
Ojalá aprendiéramos a pedir opinión para cosas importantes como sí lo hacemos para:
- Escoger el salón de belleza
- Ver una película
- Usar una determinada marca o producto
Estoy segura que antes de comprar algo lees las opiniones de gente que ni conoces. Yo lo hago.
"¿Y no sería ideal que aplicáramos lo mismo para nuestras vidas?"
Por qué resistimos el consejo
Hay una razón por la que aprendemos más de nuestros propios errores que de los consejos de otros:
La experiencia deja una marca emocional que las palabras no pueden crear.
Puedes leer mil veces "no toques la estufa porque quema". Pero hasta que no la tocas y sientes el dolor, tu cerebro no integra completamente la lección.
No es que seamos tontos. Es que somos humanos.
El valor real de tus "errores"
Cada decisión "equivocada" que tomaste:
- Te enseñó algo que necesitabas aprender
- Te llevó exactamente donde tenías que estar
- Te preparó para algo que aún no ha llegado
- Te hizo más fuerte de lo que eras antes
No fueron errores. Fueron lecciones disfrazadas de dolor.
Cómo dejar de torturarte con el pasado
1. Acepta que hiciste lo mejor que pudiste
Con la información, madurez y consciencia que tenías en ese momento, tomaste la mejor decisión posible.
No puedes juzgar a tu yo del pasado con la sabiduría de tu yo del presente.
2. Reconoce lo que aprendiste
Cada experiencia dolorosa te dio algo valioso. ¿Qué aprendiste? ¿Cómo creciste? ¿Qué sabes ahora que no sabías antes?
3. Agradece el camino
Aunque dolió, aunque no lo elegirías de nuevo, ese camino te trajo aquí. Y aquí hay algo valioso, aunque aún no puedas verlo completamente.
4. Usa el pasado como mapa, no como prisión
Mira atrás para saber qué no repetir, pero no te quedes atrapado ahí. El pasado es un maestro, no una jaula.
La verdad sobre el sufrimiento
No todo el sufrimiento es necesario. Pero el que ya viviste tenía un propósito en tu camino.
La diferencia entre dolor que te destruye y dolor que te transforma está en cómo decides usarlo:
- ¿Te quedas en el papel de víctima?
- ¿O usas la experiencia para crecer?
Ambas opciones son válidas por un tiempo. Pero eventualmente, tienes que elegir.
El poder de las batallas silenciosas
Todos estamos librando batallas que no contamos a nadie.
Y está bien no contarlas. No todo necesita ser compartido. No todo dolor necesita audiencia.
Algunas batallas las peleamos en silencio, en la oscuridad de nuestra propia mente. Y cuando las ganamos, nadie aplaude porque nadie sabe.
Pero tú sabes. Y eso es suficiente.
Tu futuro no está escrito en tu pasado
El hecho de que hayas vivido ciertas cosas no significa que estés condenado a repetirlas.
Tu pasado informa tu presente, pero no lo determina. Tú tienes el poder de escribir un futuro diferente.
Pero primero tienes que soltar la fantasía del "¿y si...?" y abrazar la realidad del "esto es lo que es, y desde aquí construyo".
La pregunta que realmente importa
No es "¿qué hubiera pasado si...?"
Es: "¿Qué voy a hacer desde aquí?"
Porque esa pregunta sí tiene respuesta. Esa pregunta sí está en tus manos. Esa pregunta construye tu futuro.
Valiste la pena entonces, vales la pena ahora
Cada lágrima que lloraste valió la pena porque te trajo aquí.
Cada error que cometiste valió la pena porque te enseñó algo.
Cada decisión "equivocada" valió la pena porque te convirtió en quien eres.
Y quien eres ahora, con todas tus cicatrices y toda tu sabiduría ganada a través del dolor, vale completamente la pena.
No a pesar de tu pasado. Gracias a tu pasado.