Por qué dejamos de llorar
Porque en algún momento no fue seguro: se castigaba, se ridiculizaba o simplemente no había nadie para sostenerlo. Contener fue entonces la respuesta inteligente.
Con los años, esa contención se automatiza tanto que la persona ya no siente ganas. No es que no le afecte: es que ha dejado de tener acceso.
Por dónde sale lo que no se llora
Por el cuerpo: contracturas, mandíbula apretada, digestiones que van mal, dolores de cabeza. Por el carácter: irritabilidad ante tonterías, llorar de golpe con un anuncio. Y por el sueño, que es el primero en avisar.
No es que llorar cure nada por sí solo. Es que lo que no encuentra salida busca otra, y esa otra suele ser peor.
Cómo darle un lugar
Con marco y con final, que es lo que hace que no dé miedo:
- Elige un rato y un sitio donde nadie vaya a entrar.
- Pon algo que te lleve ahí: una canción, una foto, una carta.
- Permite lo que salga durante veinte minutos, sin analizarlo.
- Cierra con algo físico: una ducha, salir a caminar, comer algo.
- No lo hagas justo antes de dormir ni antes de una obligación importante.
Cuando no sale nada
Pasa a menudo las primeras veces y no significa que estés rota. A veces hace falta compañía para que aparezca: alguien de confianza, una terapeuta, un grupo.
Y si lo que hay es una capa de anestesia que dura meses, con poco interés por todo, eso merece consulta profesional. La ausencia de emoción sostenida es un síntoma, no un rasgo de carácter.
